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miércoles, 6 de enero de 2016

El tesoro de la tormenta Capítulo IV

Continuando con esta historia les traigo el capítulo número cuatro y para poder ponerse al hilo con la secuencia dejaré los enlaces a los capítulos anteriores al principio de cada entrega:
Leer el capítulo I (El encuentro) click aquí
Leer el capítulo II (Un triste pensamiento) click aquí
Leer el capítulo III (Nicolás) click aquí

Capítulo 4

Un paso hacia la esperanza.

Tres meses habían pasado ya desde el primer encuentro entre la sabiduría y el alumno, David recibió una notificación por parte de la cantera y había leído por sí mismo que tendría una semana de trabajo en ella y la emoción no cabía en sus ser, luego de tres meses él ya había aprendido a leer con muy buena fluidez además de conocer matemáticas básicas, resulta que el buen David no sólo había puesto muy buena atención a las enseñanzas de Nicolás. Sino que además era un prodigio mental en el aprendizaje.

Acercándose el día estipulado en la nota David le anticipo a su mentor que por una semana estaría ausente en las clases, el viejo sonrió con malicia y prosiguió con su habitual enseñanza intensiva para que su pupilo tuviese un avance exponencial, pero acercándose el final del día le dijo al joven.

- Muchacho viene un momento de decisión muy importante en tu vida, en el que se decidirá si estos días han rendido fruto o si solo nos hemos hecho compañía, solo te pido que siempre recuerdes mis palabras y que en tu interior siempre habite la esperanza de un mañana mejor.

Pese a que David no entendía a profundidad aquellas palabras del viejo soldado, él sabía que siempre la enseñanza del anciano le había traído buenos momentos, y sobre todo un aprendizaje de vida que sin saberlo le estaba convirtiendo en un hombre de muy buen saber y de profundo pensamiento.

- Si señor, usted sabe Nicolás que yo nunca desprecio sus consejos, y sobre todo pongo especial cuidado en sus palabras cuando son enigmáticas.


- ¿Cómo van las cosas con Rosalinda?

- Mucho mejor, cada día le amo más y a cada instante me siento más comprometido a ser el guardián de su sonrisa, usted me enseño el camino a seguir Nicolás, y es algo que no solo le agradeceré por siempre sino que además nunca olvidare.

En el corazón de Nicolás nacía un especial cariño por el muchacho, este no solo se había convertido en su pupilo, sino además era la oportunidad que él estaba esperando desde hace mucho para poder resarcir sus errores del pasado y así poder ser libre…

Llegado el día David se había presentado puntualmente al llamado, y durante los días de labor no perdía oportunidad de demostrar sus nuevos conocimientos, no solo con la esperanza de ser contratado nuevamente, sino porque además por ese motivo había sido cesado de sus labores. Sin embargo un panfleto con instrucciones en sus manos removieron viejos sentimientos de su corazón.

Rosalinda mientras tanto estaba en casa con su amoroso afán de mantener en orden y lista la comida a su esposo, ella le amaba con todo sus ser desde aquel día en sacramento y pese a que su familia en un primer momento le aconsejaron que no contrajera matrimonio con aquel muchacho, ella estaba enamorada y no hubo más que hacer que celebrar las nupcias entre aquella bella pareja.

El joven conyugue demostró muy al buen parecer de la familia de la doncella que era un caballero en el trato con su mujer, siempre para el ella era lo primero en todo momento, y su galantería impropia para su sencilla educación siempre estuvo a la orden del día, y sus suegros no solo se encontraban complacidos con el cuido tan dulce y amoroso con Rosalinda, sino además estaban complacidos de ver como en el rostro de ella siempre gobernaba una limpia sonrisa, que dejaba despejada cualquier duda sobre si el muchacho le hacía feliz.

Como era costumbre la joven se encontraba ordenando los enseres de cocina y los platos, mientras colocaba en su lugar la taza de su esposo, David yacía en el punto más álgido del foso de la cantera, la cifra de indemnización rondaba su cabeza mientras imaginaba a su amada volviendo a casa con aquel dinero y a la seguridad del hogar de sus padres. Y mientras se acercaba al borde de la caída y sus ojos se cerraban, la taza de David caía desde su lugar al piso haciéndose pedazos frente a los ojos de la sorprendida esposa.


Como si un rayo le atravesara el cuerpo Rosalinda salió apresuradamente de su casa con una profunda aflicción en el pecho, y un dolor en el alma fruto del oscuro presentimiento que yacía en su corazón ante el vaticinio de aquella taza que estaba desperdigada en pedazos por el piso de la cocina, sus cabellos la seguían en su carrera mientras sus pies devoraban el camino a la carrera, una película de imágenes recorrían su mente sobre su esposo.

El camino desde casa hacia la cantera era muy largo, y David solía salir de casa antes de que el sol iluminase el día para poder llegar a tiempo de la entrada, pero el poder del amor impulsaba a la joven a no detenerse, y a seguir sin parar hasta poder encontrar al amor de su vida, ella lo sabía. Sabía muy bien que ante la difícil situación sus esposo estaba pasando por una tormenta profunda en sus ser, y sabía muy bien que el planeaba dejarla libre para que ella fuera feliz.

Pero ella jamás se iría, nunca abandonaría a aquel hombre que la había sabido enamorar, que había podido hacerla tan feliz, ella estaba decidida a permanecer a su lado y luchar hombro a hombro en lo más profundo de la tormenta, donde el oleaje fuera más fuerte o donde el viento arranca las casas del suelo pero nunca el amor de su corazón.

Llegando a la plaza central del pueblo una fuente adornaba el centro, y la brisa llenaba de roció el ambiente, los ojos de Rosalinda empapados entre lágrimas de cristal y roció de la fuente no atino a ver bien entre sus pasos de carrera, y un cuerpo le detuvo en seco, pero la abrazo firmemente para no dejarla caer.

El tiempo se detuvo en aquel instante, solo el ronroneo del agua enternecía ese momento de la historia, los labios entreabiertos de la doncella intentaban decir algo, pero la belleza de aquel rostro varonil no se lo permitían, hasta que la dulce voz de aquel joven con la luz dorada del sol entre sus ojos, y con lágrimas recorriendo sus mejías menciono su nombre.

- Rosalinda, mi amor, que haces aquí.

- David…. David…

El llanto le impidió decir algo más, el abrazo de su esposo acabo por desarmarle y hacerla caer de rodillas, estaba ahí, estaba bien, la felicidad le inundaba pero la profunda agonía aún derramaba en su corazón un dolor punzante y lleno de amargura.

- Tu taza cayó al suelo y se hizo pedazos, oh David amor mío yo sé muy bien que piensas que seré más feliz lejos de ti pero eso nunca será así, y cuando vi tu taza regada en pedazos al caer de su puesto en lo más profundo de la alacena, pues yo temí lo peor.



Aquellas palabras calaron profundamente en el corazón del joven, darse cuenta que su esposa ya sabía al igual que Nicolás su plan de hacer libre a sus esposa le sacudió hasta los huesos, y en ese momento en su corazón el amor por su mujer se intensificó tan profundamente como el sueño de un ángel, y la abrazo como nunca en su vida la había abrazado, y dejo salir unas palabras tan anheladas por ella que ambos empezaron a llorar bajo el rocío de la fuente y el sol del atardecer, a la luz de las miradas curiosas pero a la vez comprensivas de la gente que transitaba por la plaza.

- Rosalinda, eres el amor de mi vida y aunque debo confesarte que si en un momento pensé dejarte libre para que dejaras de sufrir a mi lado, pero esta tarde ante la posibilidad de entregar mi vida ante la posible suma de indemnización por accidente que te entregarían, decidí que te amaré mucho más en vida que con un acto de muerte, porque como me dijere el viejo Nicolás, vale mucho más demostrarte mi amor luchando por hacerte reír que el hecho de dejarte ir, sabiendo que solo vivo para amarte y hacerte feliz.

Una mirada más contemplaba complacida aquella escena, la mirada de un viejo soldado que sabía con antelación que debía estar en ese lugar a tiempo de poder constatar por sí mismo que el joven pupilo que el destino le había entregado cumpliría su promesa de vida, y mientras oscurecía y la pareja se alejaba abrazada en los caminos del pueblo, la sonrisa de un anciano feliz iluminaba la noche con su alegría.

- Muy bien mi joven amigo, muy bien, veo con agrado que has sabido escuchar y aprender, este día has dado el paso definitivo a una nueva vida para ti y para tu esposa, y estas un paso más cerca de darte cuenta de donde ha estado todo este tiempo, ¡El tesoro de la tormenta!....





Continuará….


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Entre tanto hasta nuestro próximo post.

4 comentarios:

  1. Una magnífica continuación a tu relato, Anto. Me ha encantado la escena en que Rosalinda y su esposo David se encuentran y éste le confiesa sus anteriores intenciones. Creo que Nicolás está dando un nuevo sentido a su vida al ayudarle a entender lo que de verdad importa.
    Me ha encantado el relato y espero la continuación. Un beso

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    1. Asi es Chari, La única forma en la que nos damos cuenta de lo maravilloso que nos rodea y en especial el amor es pasando por donde su brillo nos guia, me alegra que te gustara esta continuación un beso

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  2. Aunque parecía que David ya había cambiado el chip completamente, veo que aún tuvo un último instante de duda sobre su deseo de acabar con su vida. Realmente la verdad es la que se cuenta posteriormente, y no es otra que si David se marcha, le dará algo de estabilidad económica a su mujer durante un tiempo, pero eso jamás compensará la pérdida de un marido, un amigo y un cómplice de vida.

    Menos mal que lo único roto en este capítulo ha sido la taza jaja. ¡Un abrazo compañero!

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    1. José Carlos, la verdad es que en el fondo David sentía que actuaba por amor, pero la verdad es que estaba siendo egoísta, pero la verdad el ama mucho a su esposa y ella es su luz, y por ello solo se rompió la taza :-D
      Un abrazo amigo mio

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