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jueves, 15 de octubre de 2015

Prejuicios y el grito de la conciencia

No existe nadie en este mundo que no se haya formado un prejuicio de alguien en alguna ocasión, todos lo hemos hecho, en su mayor parte lo hacemos tan rápido que incluso nos negamos la oportunidad de interactuar siquiera con la persona, a quien hemos prejuzgado sin conocerle siquiera, pero también hemos tenido la dulce amargura de hacerlo y ver como nuestro prejuicio se desmorona y nuestra conciencia golpea brutalmente nuestro pecho mientras nos grita desde lo profundo, que cometimos un error enorme e injusto.

Un prejuicio es eso, juzgar a alguien y formarnos una imagen de su forma de ser, actuar y pensar, que en el 90% de los casos es erróneo, sobre todo si somos de los que nos jactamos de poder reconocer la forma de ser de alguien a primera vista.

He tenido la oportunidad de pasar por la dulce agonía de equivocarme con alguien cara a cara, y darme cuenta a tiempo lo equivocado que estaba, como a su ves he tenido la oportunidad de ver el cambio de actitud hacia mi, de alguien que me ha prejuzgado, pero fuera de estas situaciones que se llegan a resolver de manera hasta cierto punto amistosa y cordial, están los casos cuando prejuzgamos a alguien en una situación muy dispar, para luego quedar con un poderoso sin sabor y un cargo de conciencia inmenso.

Tal es el caso de una pequeña historia que traigo hoy como ejemplo.

“Era la fila de espera para pasar con el asesor de el banco, casi era hora de cerrar y luego de un día largo y pesado, cargado de emociones por los diferentes tipos de clientes que llegan uno tras otro, el asesor pudo observar a un hombre de mediana edad, no vestía precisamente como los ejecutivos que llegan a pedir prestamos para sus negocios, o mucho menos los que buscan renganches para comprar autos de lujo, se le notaba cansado, sus manos sucias denotaban su profesión en algún tipo de oficio pesado, y distaba mucho de las manos limpias a las que estaba acostumbrado a estrechar.

Esta demás decir que casi al final de sus labores y dado su estresante cansancio no se sentía en lo mínimo atraído a llamarle para atenderle, además su semblante rudo le indicaba que era seguro un hombre para empezar soez de palabras y pesado de carácter, además de difícil conversación pues se esperaba un reducido léxico de expresión. Desafortunadamente para el mientras terminaba con su actual cliente podía escuchar que su compañero iba para largo y su frustración crecía, creándose todas las imágenes mentales mas denigrantes para su eminentemente siguiente cliente.

Para cuando el caballero se sentó y saludo con la mas amable cordialidad que se puede imaginar, él le saludo secamente ignorando que su primera impresión de carácter difícil en su interlocutor había quedado destrozada, y le seguía atendiendo secamente su solicitud de tarjeta de crédito, con la esperanza de que al ingresar su solicitud al sistema y esperando una débil garantía de pago, podría deshacerse de el fácilmente negándole su crédito.

Mas su sorpresa fue que al ingresar a los datos de su cuenta de ahorros con el banco la suma ahorrada era mas que suficiente garantía de pago para el limite de crédito ofrecido en la tarjeta básica que él solicitaba, desarmado moralmente y mas que nada sorprendido cayo en cuenta de la conversación amable que le extendía aquel hombre ahora visto de manera ya un poco diferente, luego de completar las formas el asesor solo atino a decirle.

-         -Es una muy buena cantidad su ahorro y su tarjeta ha sido aprobada inmediatamente.

A lo que el hombre respondió con la dulzura que solo la sinceridad real compromete.

-         - Si, durante años he ahorrado de el fruto de mi trabajo, mi sueño siempre fue desde que vi a mis hijos nacer el poder darles la educación que yo no tuve, para así poder verlos en lugar de como a mi, verlos como a usted, con sus ropas limpias y con buena educación para que no sean mal juzgados ni prejuzguen a nadie, sino mas bien sean personas de bien y con valores para tratar bien a los demás como usted ha hecho conmigo, le agradezco su ayuda pues con esta tarjeta iniciare mi propio taller para poder enviarlos a la universidad y quien sabe, un día verlos aquí, atendiendo gente como yo.

Dicho esto le dio el apretón de mano mas fuerte y sincero que en su vida había recibido y se retiro con una sonrisa de alegría y dejándole una dura lección en su alma y su corazón.”

La próxima vez que estés a punto de crearte un juicio apresurado de alguien recuerda, que puede haber alguien haciendo lo mismo contigo en ese instante y mejor atiende al grito de tu conciencia, pidiéndote que antes te des la oportunidad de conocerlo de verdad.

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