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domingo, 1 de noviembre de 2015

Dos corazones a la luz de la luna

De entre sus dedos se deslizó la moneda que cubría los servicios del chofer, y mientras se sentaba aun recordaba con desdén las tormentas de su mente, no hacia más que un par de años que había empezado a querer cambiar su destino y ya estaba encontrando los primeros obstáculos para sus propósitos.

El sonido de la máquina en la puerta del autobús le recuperó de sus pensamientos, pero lo que alteró de verdad su memoria, fue la dulce fragancia que percibió, el la conocía muy bien, en varias ocasiones le había advertido de su presencia y rápidamente levantó sus ojos marcados por la tristeza, pero llenos del brillo de la esperanza, mas sin embargo no era ella.

Rápidamente se dijo a si mismo cuan iluso era, ella no seria la única que podría usar esa fragancia, pero aún así su corazón ya le había relacionado hacia esa dulce mujer que hacia que su corazón navegase sin rumbo en una sonrisa adormecida por la realidad, pero que soñaba con alcanzar la suavidad de sus labios.

En su corazón nunca había habitado el amor de una mujer mas que el de su madre, y el sabia muy bien que no conocía el arte de amar, pero sus sentimientos le indicaban que ella era la indicada, y sobre todo por quien el daría la vida, recordó unos metros antes de bajar en su destino como había sido aquel día en el que inicio en ese trabajo. Luego de un año de desempleo tenia las esperanzas puestas en crecer, y mientras sus pies pisaban tierra vino a su mente la emoción del primer día.

Sin percatarse nuevamente vino a sus sentidos aquel aroma, sin pensarlo giro la vista y esta vez si era ella, la había conocido justo ese primer día de trabajo y sintió desde aquel momento como dicen las historias de amor, que la conocía de hace mucho pero apenas era la primera vez que la veía en su vida, como tantas veces ella estaba retraída en su teléfono móvil conversando con alguien.

Para una leve tranquilidad, el ya sabia con quien ya que llevaba ya un año en aquel lugar esperando su momento y consiente que ella necesitaba tiempo para sanar su corazón de una herida profunda y dolorosa, y su madre era su mejor consejera, tal ves ella todavía no estaba lista para amar, pero él estaba dispuesto a esperarla o a dejarla ir según ella buscara su felicidad. Porque ella valía todo a lo que el estuviera dispuesto hacer por amor. Pero ese día era diferente, él estaba dispuesto a dar un paso adelante y ella a recibir su acercamiento.

Ambos ya sabían lo que habían empezado a sentir mutuamente, aunque el miedo todavía les hacia dudar, pero el amor siempre será una fuerza imparable y aquella historia apenas estaba por iniciar….

Tras finalizar la jornada de aquel día, como ya se había vuelto una dulce costumbre, él la estaba esperando y mientras ella salía el recordó el día cuando ella iba delante de él, venciendo su en aquel entonces inocente timidez; se le acerco apresurando el paso y le pregunto en que autobús ella regresaba a casa, casi se le sale el alma al escuchar decirle que era en la misma que él viajaba y como un niño al que le ponen un dulce en sus manos le pregunto:

-la acompaño

-bien, mejor así no me voy sola porque me da miedito.

De aquel día ya habían pasado los suficientes para cumplir un año y medio en el cual le había visto llorar, y la había aconsejado, y ella le había ayudado a alejar la soledad de su corazón, en el que se volvieron amigos y confidentes, en los que se contaron todo y se habían revelado sus pasados, en el que se enamoraron.

Al verla salir se puso de pie rápidamente y la charla empezó, y continuo todavía después por la noche ya cada uno en su hogar pero enlazados en su ahora acostumbrada llamada, la luz de plata ya hacia iluminando desde el cielo aquel momento, de entre sus palabras la conversación tomo un nuevo rumbo. Ya era su momento.

Mientras las nubes de la noche atravesaban a la inspiración de los poetas una pregunta salió de sus labios y ambos confesaron lo que seria la ultima cosa que se dirían como amigos:

-Yo siempre he tenido una oración, una que todas las noches le he dicho a Dios en la espera de su respuesta.

-Creo que conozco esa oración porque yo también la he hecho muchas veces

Y entre los dos a una voz permitieron a sus corazones enlazarse bajo la luz de la luna y orar una vez más pero ya no en soledad.

-Yo siempre le he pedido una persona que me ame con todas las fuerzas como yo le ame, que siempre este a mi lado y que tenga mi misma fe, que ame a Dios sobre todas las cosas y a la virgen por ser la madre de Jesús, que este dispuesta a ir hombro a hombro a mi lado y que sin importar cuan fuerte sea la tormenta siempre este a mi lado y no se rinda, y que tenga la disposición de envejecer a mi lado y amarnos para siempre.

-Yo la amo…….

A veces las personas pensamos que el amor es un sentimiento, pero no es así, el amor es un verbo y un verbo es acción, y la acción del amor es siempre y en cada instante de nuestras vidas enamorar una y otra vez a quien amamos.

Si ya tienes pareja, recuerda cuidarla o cuidarlo siempre, no olvides que tu eres con quien decidió estar y es su decisión estar a tu lado, pero es tu decisión retenerle ahí y solo se quedara si correspondes sus cuidos, sus atenciones, pero sobre todo su amor.


Y si todavía estas solo o sola, no tengas miedo de pedirle a Dios a esa persona que quieres para ti y él te la dará, confía en mí, después de todo mi esposa y yo lo comprobamos una noche a la luz de la luna.

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Entre tanto hasta nuestro próximo post.


2 comentarios:

  1. Un bonito relato con final en positivo, Antonio. La moraleja tras tus dulces palabras está clara: confiar en el amor y alimentarlo siempre :)

    Me ha gustado mucho, gracias por compartir!

    Un saludo.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti por haberlo leido y aprecio mucho que te gustara, yo creo mucho en que el amor nunca muere si no se le deja morir un fuerte abrazo

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