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domingo, 25 de octubre de 2015

¿Cuándo de toda la vuelta la agujita del reloj verdad…?

¿Papi verdad que mami va a venir cuando de vuelta toda la agujita del reloj verdad? Con esa dulce pregunta le cuestionaba un pequeño a su padre, quien con la ternura que solo puede sentir un padre amoroso con su pequeño respondió –Sí hijo cuando la agujita de toda la vuelta. Y lo curioso de este bello cuadro fue la frase que salió de entre los labios del pequeño, ¡Hay pero es que para que de la vuelta la agujita se tarda un mundo!

Que dulce es la inocencia de un niño, dentro de su mundo tan práctico y fluido el paso del tiempo que debe esperar no está medido por horas o minutos, sino a lo que se tarda en dar la vuelta la agujita del reloj, posiblemente alguien que estuviera observando ese cuadro inmediatamente observaría su reloj y empezaría a intentar entender esta frase dentro de su lógica de adulto, pensado a qué aguja se refiere el pequeño, será acaso que su madre vendrá en un minuto, en una hora o podría ser que el niño se refiere a la aguja horaria, en ese caso su madre vendrá hasta la tarde.

Pero detengámonos un momento a pensar como el niño y no como el adulto. En la realidad infantil que tristemente hemos ido dejando atrás, el tiempo era más lento, nos tomábamos la libertad de vivir, los amigos que conocíamos apenas hace un instante en los próximos tres juegos se convertían en el mejor de los mejores amigos y si de casualidad era el nuevo vecinito a los días después ya era nuestro hermano postizo que nunca tuvimos.

Podíamos hacer equipo con niños de cualquier parte en cuestión de tres palabras y además teníamos la confianza de discutir y pelear por una idea, y luego de terminar el juego ya de nuevo todo en paz y tan amigos como siempre, pero con el paso de los años y con los caminos que tomamos fuimos madurando y aprendiendo acerca de: “el mundo real” que casualmente en anteriores oportunidades hemos dicho que el mundo real lo hacemos todos, y será según todos hagamos buenas o malas acciones.

Así que hay preguntarnos ¿qué nos paso?... A ver… si analizamos los dos últimos párrafos a la actualidad de nuestras vidas sería más o menos lo siguiente:

Ahora el tiempo sentimos que pasa volando y es común escuchar expresiones como ¡Dios mío ya es diciembre adonde se fue el año!, resulta que nos dejamos controlar tanto por las preocupaciones adquiridas y por los compromisos, que permitimos que nuestro tiempo eterno infantil se viera ahora medido en horas, minutos, y segundos, y ya no como el paso del sol de un lado al otro del cielo que nos daba el tiempo de luz necesario para hacer todo lo que hacíamos.

Las personas que conocemos hoy, primero que nada nos preguntamos, ¿será bueno o será malo?, ¿será de confianza?, ¿será amigable o explosivo?, y demás preguntas que pasan en nuestra mente antes de decir ¡hola!, pero no digo que tomar precauciones este mal, nada de eso, a lo que me refiero es que si todos adquiriéramos los valores de la buena convivencia quizás nos diéramos la oportunidad de conocernos mejor y con más sinceridad antes que con desconfianza lo cual ampliaría el circulo de buenos amigos.

En los trabajos o estudios, a la hora de hacer equipos con compañeros, primero pensamos en que no nos recarguen todo el trabajo a nosotros, y además que la nota o la felicitación sea bien merecida y no ganada por pocos y disfrutada por muchos. Quizás si todos nos llenáramos de un sentimiento de cooperación y solidaridad como lo es el instinto infantil, esto no pasara y siempre existirían en abundancia los buenos equipos colaborativos.

Además en muchas ocasiones tenemos miedo de expresar nuestros sentimientos por temor a ser agredidos, pero es importante que para expresar los pensamientos se haga de una manera educada y cordial que siempre busque el crecimiento mutuo y la crítica constructiva.

¿Qué nos pasó?.... Maduramos, y en el proceso perdimos un factor importantísimo que si se rescatase hoy en día, las sociedades estarían mejor, que si estuviese en todas partes seriamos mas felices ”La Bondad”. Sé que lo que estoy a punto de pedir no será fácil, pero si te interesa intentarlo te invito a que lo hagas con tus círculos de confianza.

 Aparta un día de tu vida y permítete ser el niño que fuiste alguna vez, llénate de bondad y ve por ese día, tratando a todos los de tu circulo con bondad, cordialidad, respeto y siendo desinteresado, has una buena acción por cada uno que te encuentres, un favor, un cumplido, por muy pequeño que sea hazlo. Olvídate de tu esclavizador, “el reloj” (Si quieres esto último mejor que sea en un día libre de trabajo… por precaución.) deja que el tiempo pase con naturalidad, sin minutos, solo que la agujita del reloj de vueltas, no ofendas a nadie que por algo te moleste y permítete por un día, llenarte de libre felicidad de un niño.

Si casualmente al final del día te gusta la experiencia, al volver al mundo del adulto has una cita contigo mismo para reencontrarte con tu niño interior de vez en cuando y reta a alguien más a hacerlo, quien sabe, a lo mejor poco a poco nos vamos llenando de esa bondad y paz que nos hace falta en todas partes.


Y si quieres saber que paso con el niño y su padre pues, me alegra contarte que en aquella ocasión hace ya bastante tiempo mi mamá llego antes de que la agujita le diera la vuelta al reloj.
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Entre tanto hasta nuestro próximo post.



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